Human-mediated introductions and subsequent establishment and spread of nonnative species have the potential to create a founder effect in such populations, which typically results in low genetic diversity and potential for inbreeding. However, several exotic invasive species exhibit a “genetic paradox” in which they thrive and adapt to novel environments while also avoiding complications from low genetic diversity. Axis deer (Axis axis) were introduced into Texas, Hawaii, South America, Australia, and Croatia during the 19th and 20th centuries and successfully established large populations from a few founding individuals. Mitochondrial (Cytochrome-b, Cytb; displacement loop, D-loop) and nuclear (10 microsatellites) markers were used to assess genetic diversity within and between axis deer populations in Texas and Hawaii and then compared to other introduced (Australia and Croatia) and native (India) populations. Overall, mtDNA divergence was 0.54% (Cytb) and 1.55% (D-loop) indicating high mitochondrial similarity within the species. Further, each invasive population was composed of only one or two mtDNA haplotypes. Microsatellite allele diversity also was low within and between populations in Texas and Hawaii resulting in monomorphic loci and Hardy–Weinberg equilibrium violations in both populations. The low genetic diversity in native Indian axis deer and within and between invasive populations suggests that the introduced populations experienced founder effects following introduction, and yet overcame this potential handicap by undergoing successful establishment and expansion. Axis deer appear to be another successful invasive species characterized by the genetic paradox where they exhibit genetic profiles that suggest inbreeding effects should be imminent, yet display no signs of inbreeding and are highly successful adapting to novel environments.
Las introducciones de origen antropogénico de especies no nativas y su posterior establecimiento y propagación tienen la posibilidad de crear en dichas poblaciones el efecto fundador, que típicamente resulta en una baja diversidad genética y la posibilidad de consanguineidad. Sin embargo, muchas especies exóticas e invasivas exhiben una “paradoja genética” en la cual prosperan y se adaptan al ambiente nuevo evitando al mismo tiempo complicaciones que resulten de la baja diversidad genética. El venado chital o ciervo axis (Axis axis) fue introducido a Texas, Hawaii, América del Sur, Australia, y Croacia durante los siglos 19 y 20 estableciendo grandes poblaciones a partir de pocos individuos fundadores. Se utilizaron marcadores mitocondriales (Citocromo-b, Citb; bucle de desplazamiento, bucle D) y nucleares (diez microsatélites) para evaluar la diversidad genética intra y extra poblacional de las poblaciones de ciervos axis de Texas y Hawaii; para luego compararlas a otras poblaciones tanto introducidas (Australia y Croacia) como nativas (India). En general, la divergencia del ADNmt fue de 0.54% (Citb) y 1.55% (bucle D) lo que indica una alta similitud mitocondrial intraespecífica. Además, cada una de las poblaciones invasoras estaba compuesta de solo uno o dos haplotipos de ADNmt. La diversidad alélica microsatelital fue baja dentro y entre las poblaciones de Texas y Hawaii resultando en loci monomórficos y violaciones de la ley de Hardy–Weinberg para ambas poblaciones. La baja diversidad genética de la población nativa de ciervo axis comparada a las poblaciones invasoras sugiere que las poblaciones introducidas tuvieron un efecto fundador seguido a la introducción, y que superaron esta desventaja al establecerse y expandirse satisfactoriamente. El ciervo axis parece ser una especie invasora exitosa caracterizada por la paradoja genética donde exhibe perfiles genéticos que sugieren que los efectos de consanguineidad debieran de ser inevitables y sin embargo no muestran señas de consanguineidad, siendo una especie exitosa que se adapta a ambientes nuevos.